aprendí a amar al animal que hay en mí
ese que camina, mira el horizonte,
se oculta para protejerse del predador
y sale a lo inesperado cuando el viento
se lleva su aroma
conozco a mi animal,
lo tengo domado.
vive en mi pecho, no escondido,
junto a mi corazón.
No va a comérmelo
porque está mansito y sabe
que puede salir
cuando no haya qué temer
en el camino.
él juega donde quiera que yo vaya,
así lo tengo distraído
y se divierte en la danza
cuando es oportuno
por eso
su algarabía de fiera
es dulce
y persiste
aunque en la selva conviva con la espina
Soy fiestera (Rosario/Córdoba, junco y capulí/La Creciente, noviembre de 2006)
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