lunes, noviembre 17, 2008

Entre lo mágico y lo trágico

II Semana de las Letras y la Lectura- Teatro El CírculoEncuentro Internacional de Poesía- Rosario, Argentina

Agosto 2008
por Héctor Berenguer, coordinador del encuentro53Chien: la evolución (progreso paulatino)


Cuando intento abordar lo paradójico, sin reduccionismo, tengo dos métodos: los sueños y el I Ching. No es que la razón no sirva para escribir “sobre encuentros de poesía”.
Estuve tan involucrado en la Semana de las Letras y la Lectura que resultó casi imposible escribir sobre un asunto que me toca en lo personal como si yo fuera uno a la hora de actuar y luego otro distante para reflexionar sobre lo actuado ¿Cómo ser objetivo en esta dicotomía?
En circunstancias como estas debo confiar en el inconciente como material de guía, así como hizo Jasón para llegar a Cólquida dispuesto a compartir el viaje mítico con poetas argonautas.
Tiro las monedas del I Ching y sale Chien, la evolución. Este exagrama avanza sobre la imagen de que sobre la montaña hay un árbol: imagen de la evolución. Así permanece el noble en digna virtud a fin de mejorar las costumbres. El punto que me toca es el seis en el segundo puesto que significa: la oca avanza poco a poco hacia la roca. Comer y beber en paz y concordia. ¡Ventura!
La roca es un sitio seguro junto a la ribera, la evolución ha dado un paso más. Uno ha superado la incertidumbre inicial, ha encontrado una situación segura para su vida, gracias a la cual se tiene un pasar aceptable.
Este primer éxito, que inaugura la vida de la posible actuación efectiva confiere al ánimo cierto regocijo y se avanza tranquilo hacia el porvenir.
Se dice que la oca llama a sus compañeras cuando encuentra alimento; he aquí la imagen de la paz y la dichosa concordia. No tiende a conservar la felicidad para sí mismo, sino que se muestra dispuesto a compartirla con los demás.
Esta es la situación con la que quiero referirme al encuentro ya que la palabra es el fundamento del ser como “ la roca sitio seguro” pero también por antítesis las palabras en una cultura vacía de contenido se convierten en lenguaje carente de significación y a veces absurdo. En este contexto las palabras ya no son la vida son lo que aún nos queda de su ausencia , como también un encuentro poético es íntimo, plural, privado y público , convocatoria a la gratuidad que como tal genera confianza y desconfianza para afrontar un discurso poético que siempre es polifónico. Cuando sucede el prodigio y elvocablo rompe el esquema de conceptualizaciones se produce “la reunión”,que es el sentido profundo de la fiesta en el dominio perdido de la poiesis.
Una vez puesto en marcha el acontecimiento poético ya no pertenece a nadie y sin embargo pertenece a todos, porque sé que su discurso dual es un gran malentendido. Siempre he sabido que la vida está en otra parte, pero me queda el deseo de que la pasión que despierta sea anexable, que una lectura pueda significar tanto como un abrazo amoroso y que como toda pasión esté siempre dispuesta a repetirse, no como hábito, sino como el prodigio de lo lejano y cercano en el mismo acto de existir.
Volviendo al I Ching, en la evolución de personas e instituciones, un procedimiento precipitado no sería bueno. Lo mismo ocurre finalmente cuando se pretende ejercer influencia sobre los demás. También en este caso se trata de una vía evolutiva lograda pacientemente sobre el cultivo de la propia personalidad. Todo el influjo ejercido a la manera de los agitadores carece de efecto duradero.
Así también en lo interior la evolución ha de emprender el mismo camino, lo suave se adapta y sin embargo al mismo tiempo penetra, es lo externo, que debe surgir de la tranquilidad interna. Precisamente lo paulatino de toda evolución hace necesaria la constancia, pues únicamente la constancia logra que a pesar de todo, el lento progreso no se pierda en la arena.
Ir al encuentro…
Todo lo que sé en términos poéticos es que la vida tiene hambre de la vida, el fundamento de esta aseveración es que ella se nos cae de las manos en medio de las propias vivencias personales.
La poesía se suicida en los poetas para destruirse y construirse eternamente. Pocos tienen el valor y la conciencia de aceptarlo, su finitud, el riesgo y la osadía por ese poder creer eternizarse en las propias palabras sin la mínima noción de alteridad por una triste crónica en algún suplemento literario rápidamente olvidado, aunque la verdadera cultura sea profunda vitalidad amorosa construida sobre la nada.
Vivir es instantáneo morir es lento, sí hay algo común, es que todos lloramos las mismas lágrimas. Debemos reorientar el sentido de lo imaginario y unificar las palabras y la vida. Falta la fuerza de la embriaguez dionisíaca de permanecer fieles a la tierra como alguna vez soñó Nietzche, hay que inaugurar el lugar del otro cuyo centro esta en todas partes, donde el poder del ser se vuelve asilo del hombre.
Los momentos privilegiados de la historia fueron resultado de esta feliz combinación. Después, se puede hablar de obra, de legitimidad, de estética, es “un vicio intelectual”,el pie de imprenta de la cultura auténtica.
Participaron de este encuentro
Inés Manzano (Buenos Aires), Luis Houlin (Santa Fe), Roberto Lobos (Rosario), Ana Guillot (Buenos Aires), Alejandro Pidello (Rosario), Gustavo Caso Rosendi (Chubut), Paolo Ruffilli (Italia), Humberto Lobbosco (Rosario), Graciela Zanini (Buenos Aires), Lisandro González (Rosario), Ada Torres (Rosario), Nora Hall (Rosario), Luis Benítez (Buenos Aires), Sebastián Riestra (Rosario), César Bisso (Santa Fe), Leopoldo Castilla (Salta), Leonardo Martínez (Catamarca), Ana Victoria Novell (Rosario), Guillermo Ibáñez (Rosario),Florencia Lo Celso (Rosario), Jorge Isaías (Santa Fe), Alvaro Mata Guillé (Costa Rica), Eduardo D’Anna (Rosario), Marisa Chazarreta (Rosario), Ana María Russo (Rosario), Raúl Acosta (Santa Fe), Sergio Gioacchini (Santa Fe), Guido Martínez Carbonell (Rosario), Héctor Berenguer (Rosario).
Presentación del libro “Poesía En el Círculo: Encuentro Internacional de poesía 2008” Editorial Ciudad Gótica.(antología de poetas invitados)

Lo mejor es la gente:
Por EDUARDO D’ANNA
Del 28 al 30 de agosto de este año 2008 se llevó a cabo la segunda edición de la Semana de las Letras y la Lectura, organizada por el Teatro “El Círculo”., bajo la dirección de Guido Martínez Carbonell y la conducción técnica de Héctor Berenguer. No me es difícil expresar mis sentimientos acerca de este acontecimiento, y, al mismo tiempo, uno teme repetirse. Para los que estamos en el ejercicio de la literatura, lo mejor es la gente. Es decir, el público, pues en un género que tan pocos leen, hay muchos, sin embargo, que escuchan con agrado a los poetas. El por qué del fenómeno no sabría decirlo. Pero en Rosario, tras quince años de lecturas de nivel internacional, ello puede ser tomado como un hecho.
Yo, por lo menos, he aprendido mucho escuchándome a mí mismo recitar mis poemas, pero sobre todo, escuchando la respiración de la gente. Coincidía conmigo en esto el poeta costarricense Alvaro Mata Guillé, uno de los invitados, que gozó mucho la estadía en nuestra ciudad, donde leyó la noche del sábado, y que, además, fue llevado a tres colegios secundarios para leer poemas suyos y hablar de su trabajo literario. “Yo sé captar, porque además soy hombre de teatro, lo que siente el público”. Eso no es posible de lograr con la edición de un libro, claro, que aunque es más permanente, no le permite al autor ser testigo del efecto que causa su obra.
Hablando de publicaciones, lo que sí fue inédito en este tipo de eventos fue la publicación de un libro con poemas de todos los participantes del encuentro. Lo que significa poseer este complemento resulta imposible de exagerar. Muchos acontecimientos de este tipo han quedado en Rosario tan sólo en el recuerdo de los asistentes, porque los organizadores ni siquiera supieron hacer un video con las intervenciones y si lo hicieron, se lo guardaron y el público no tuvo acceso a él.
Esta vez no sucederá así, porque el libro estuvo al alcance de la gente durante la realización del encuentro y estará seguramente distribuído en las librerías rosarinas para que los que no pudieron ir tengan la ocasión de conocer los poemas de los invitados y de los poetas de su propia ciudad que participaron.
Hay algo más, que, lamentablemente, sólo lo puede disfrutar el que está en este asunto de escribir poemas: el disfrute de la amistad con sus colegas, la mayoría de los cuales tienen una generosidad poco común entre competidores. Viejos amigos, encontrados en tantas ocasiones similares, reiteran el rito de la confraternidad en un medio tan difícil como es el de la cultura argentina, hoy tan enferma de superficialidad y slogans de venta. El intercambio de las opiniones, de los libros, la alegría de descubrir el progreso de una voz, la madurez de una palabra, son joyas inapreciables que no se pueden vender, ni lo precisan, y que embellecen la vida de todos los que ejercen este “oficio o torvo arte”, como decía Dylan Thomas.

Volviendo a los orígenes.
por álvaro mata guillé.
El antiguo aedo era músico, bailarín, actor, el personaje travestido que recordaba la historia, haciendo reseñas de lo acontecido y de lo que estaba por venir; el oráculo que no nos permitía caer en el olvido uniéndonos al destino, no a lo señalado como un mandato sino a lo imponderable, a la memoria que recuerda quiénes somos y al hacerlo le da un sentido a las cosas, a la incertidumbre que verifica con su paso nuestra transitoriedad, el misterio de nosotros mismos y del entorno donde no hay significados.
Así, llevados de la mano por este personaje hermafrodito del disfraz y la máscara, que al revivir la historia al contarla nos hacía vivirla con él, acudíamos al reencuentro de lo que éramos y debíamos seguir siendo, pero no para permanecer inmersos en un pasado caduco o un presente rutinario e inamovible, al contrario, retornaban las voces de los muertos y hacíamos un repaso junto a ellos sumergidos en lo múltiple y lo plural, en los fantasmas que estando en nosotros se liberaban y liberaban las barreras. Era una fiesta o el ritual de la fiesta -la ceremonia, el carnaval- que permitían con sus celebraciones recobrar el tiempo ya perdido conversando con nosotros mismos, volviendo al cuerpo, que se percibía viéndose entre las sombras del entorno, que al percibirlas se transforman en imagen, en susurro que explora el lenguaje, en sensación que se palpa y al palparse en el entorno se hace texto, superando los límites del orden y la convención.
En ese lugar donde se vislumbra lo otro, se destruye el lenguaje para fundar un nuevo lenguaje, se disgregan los sentidos que se aferran a las cosas para reencontrarlos siendo otras cosas, puesto que finalmente en estos territorios del teatro, la danza o la poesía, es donde nos reencontramos viendo nuestro rostro que se borra y al borrarse vuelve a ser, redescubriendo el ágora, el sitio donde se dialoga y se crean los vínculos, la filiación donde nace la comunidad y conviven los lenguajes.
Pero en lo contemporáneo -la poesía, el teatro, la danza- han dejado de ser un lugar de comunión para transformarse en una versión más de lo monótono y las censuras que caen sobre el cuerpo, en una versión del ruido, el formulismo y la frivolidad.
Los espacios que antes permitían la celebración y la ceremonia, se han transfigurado en chabacanería y exclusión, donde prevalece la frialdad de un individualismo mecánico, sumido en la renuncia. No vivimos una época de renacimiento, sino de decadencia, no es una época de conciliación, sino de encogimiento, donde nos hemos acostumbrado a huir de nosotros mismos.
Sin embargo ocurre que aunque las sociedades estén esclavizadas por sus traumas o paralizadas en la persecución de sus espejismos, aparecen espacios, algunos pocos, y personas junto a ellos que se apartan de lo monolítico de las costumbres y el conformismo, mirando hacia otra parte, como una rebelión. Porque revelarse, en nuestra época, no implica más que asumir lo que queremos ser, implica asumirnos en la incertidumbre transformándonos a nosotros mismos preservando los vínculos. Es una conciliación que nos hace reencontrarnos con la necesidad de asumir la existencia en el aquí y ahora, sin postergarla, sin renunciar a ella, haciéndonos ver que no hay tantos secretos, más que caminar de una sombra a otra.
Porque resulta que la poesía, el teatro, la danza, es un hacer que fortalece la identidad y la memoria social, es un hacer que tiene que ver con el desarrollo integral de las personas y la evolución de la humanidad. Una comunidad sin formas de expresión, es una comunidad sin alma, con miedo a convivir consigo misma, es una sociedad que se mutila a sí misma. Si no hay libertad no hay poesía, si no hay poesía esa sociedad no es libre y sus ciudadanos seguirán gobernados por sus fantasmas.
Participar de la Semana de las Letras y la Lectura, celebrada en la ciudad argentina de Rosario, me hace recordar todas estas cosas: el sentido de la poesía, del teatro, de la danza, el sentido de lo social y la ética, me hace repasar el presente y reconocer que sino desarrollamos distintas formas de expresión que convivan entre sí, que si se deja de lado la manifestación del pensamiento, del compromiso de sentirnos, si dejamos que el absurdo y la barbarie prevalezcan, estaremos condenados a perecer. La Semana de las Letras y la Lectura -la ciudad de Rosario- me ha hecho recordar, que no queda más que seguir adelante y transfigurarnos.

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